Domingo III de PASCUA - 18 de abril DE 2021



"¿Por qué están turbados y se les presentas esas dudas?
Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo"



+ Dentro del ambiente festivo por la resurrección de Jesús, los textos de hoy tocan el tema del pecado y del perdón que Dios nos ofrece.

+ En la 1ª lectura, Pedro reconoce que muchas veces actuamos mal por ignorancia.

+ En la 2ª, Juan invita a no pecar, pero nos anima, pues señala que, aunque pequemos, tenemos un defensor, Jesucristo, y concluye que el cumplimiento de los mandamientos es en la verdad y en el amor.

+ El Evangelio nos relata una aparición de Jesús a los discípulos. En un principio, la presencia del Resucitado produce temor y dudas. Jesús confirma que no es un espíritu, sino Él en persona, de “carne y huesos”, con las marcas de la pasión en sus manos y pies, pero vivo y muy humano (que resalta pidiendo comida).

+ Luego, Jesús les explica (abriéndoles la inteligencia) cómo la Escritura había anunciado por siglos su venida, su pasión, su muerte y su resurrección. Y concluye con el mensaje de su ministerio: “la conversión para el perdón de los pecados”.





+ En este contexto, podemos entender que el pecado no es solamente una transgresión de una norma, y que la conversión no es tanto “dejar de pecar”.

+ Más que un cambio de conducta, la conversión es un cambio de mirada de la realidad, a partir de la Buena Noticia del amor de Dios, de su propuesta de poner el amor en el centro de la vida, de reconocer que la existencia humana no termina con la muerte (ni se determina por el pecado), sino que la relación de Dios con cada uno de nosotros va más allá del pecado y de la muerte. En realidad, lo que determina nuestra vida es si vivimos o no orientados hacia los valores que Dios nos muestra en Jesús, en nuestro deseo de asumir los criterios del Evangelio.

+ El amor incondicional, infinito e irrenunciable de Dios por cada persona es la clave de la conversión, al aceptar que, aunque nunca podremos “merecer” la salvación, Dios nos la da gratuitamente. Con la resurrección de Jesús, al hablar del perdón de los pecados, la mirada no está tanto en los pecados como en el perdón, en la gracia sobreabundante que nos regala, en la Vida plena y eterna que conquista para nosotros.

+ Se puede cumplir los mandamientos sin amor, lo que nos haría “buenos”, pero no necesariamente alcanzaríamos a felicidad ni la plenitud. Hay aquí un círculo virtuoso: Teniendo mayores experiencias de ser tan amados por Dios, mejor podemos abrirnos a amar más y más a los demás. Y amando más a los demás, accedemos a niveles superiores de la conciencia de ser amados por Dios y por otras personas. En realidad, es un espiral virtuoso, porque cada vez nos eleva más hacia la perfección, que más que moral, es de plenitud de Vida, de amor, de gozo y de paz.