Domingo XXVI Tiempo Ordinario - 26 de Septiembre DE 2021



"¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque Él les infunde su espíritu!"



+ El Evangelio de hoy tiene varios temas. El 1º, también planteado en la 1ª lectura, expresa que Dios está presente y actúa no sólo a través de los que parecen estar cerca de Dios, e invita a no juzgar, ni tener celos o envidias por los demás.

+ Luego la Palabra de Dios se refiere a la recompensa de los generosos, pasando entonces a una severa advertencia contra quienes escandalizan a los pequeños, para concluir con unos extraños ejemplos de eventuales obstáculos en nosotros mismos para alcanzar la santidad y la felicidad.

+ Más que ir a lo literal (cortar o arrancar partes del cuerpo), lo importante es tener conciencia de que el descontrol de nuestros sentidos e impulsos nos pueden causar grandes problemas. La felicidad no está en lo que tocamos, miramos, comemos o tenemos. La felicidad precisamente no está en lo material, sino en lo que está más allá de lo físico. Es nuestro mundo interior lo que más nos enriquece, son nuestras relaciones humanas, con Dios y con las personas las que le dan verdadero sentido a la existencia. Son los valores e ideales que nos animan, los afectos vitales que nos orientan, lo que creemos, pensamos y escogemos lo que nos define.

+ Aquí nos ayuda la 2ª lectura, que es una denuncia a quienes se han enriquecido (en “una vida de lujo y placer”) a costa de los demás, abusando de otros. Las riquezas “se echan a perder” cuando se transforman en fines, en objetivos de la vida, en saciar ambiciones o egoísmos personales, en vez de usarse para el bien de los demás. Ha habido personas virtuosas y santas con grandes riquezas, pero la gracia es que no se han sentido dueños de esos dones, sino administradores, han generado trabajo bien remunerado, han aportado en mejorar las condiciones de vida de muchas personas.





+ Concluyamos recogiendo el deseo de Moisés: “Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque Él les infunde su espíritu”. Jesús nos ofrece hoy, abundantemente, el Espíritu Santo, para que seamos cristianos que enriquecen el mundo y la sociedad, la cultura, la economía, la ciencia y todo espacio y realidad humanos. Por nuestro bautismo somos enviados a ser sal de la tierra y luz del mundo, aportando nuestros talentos para el bien común, cuidando y respetando las riquezas naturales que Dios nos ha encomendado.

+ Hoy, que en Chile se celebra el Día de la Oración por Chile, renovamos nuestra consagración a la Virgen del Carmen, Reina y Madre de nuestra Patria, para que nos ayude a ser activos constructores de paz, fraternidad y solidaridad, de respeto por la vida y la dignidad de toda persona, revolucionarios desde el amor, la acogida, el diálogo, la misericordia y el perdón.

+ Todos somos herederos del pasado, protagonistas del presente y responsables del futuro.