Domingo XXIX Tiempo Ordinario - 17 de octubre DE 2021



"Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar la vida en rescate por una multitud"



+ En la 1ª lectura vemos que en el Antiguo Testamento el sufrimiento podía ser percibido como un castigo de Dios. En el Evangelio Jesús declara que ha venido “para servir y dar la vida en rescate por una multitud”. Jesús, voluntariamente, “fue sometido a las mismas pruebas que nosotros” (2ª lectura), transformando el sufrimiento en ofrecimiento de amor. También pregunta a Santiago y Juan si están dispuestos a “beber el cáliz que Yo beberé y recibir el bautismo que Yo recibiré”, aludiendo al sufrimiento y muerte que padecerá. El cáliz es la pasión, su muerte es el bautismo de sangre (muchos mártires no bautizados lo recibirán por confesar su fe).

+ Veamos el contexto del Evangelio: Los hermanos piden a Jesús un lugar privilegiado en el Reino. Jesús responde con la mencionada alusión al sufrimiento y la muerte de quienes le siguen. La pretensión de Santiago y Juan desata la indignación de los demás discípulos y eso motiva a Jesús a la enseñanza principal de hoy: “el que quiera ser grande y el primero, que se haga servidor de todos”. Cuestiona que hagamos sentir la autoridad a los demás, invitándonos a imitar su ejemplo de humildad y de servicio. La 2ª lectura complementa: Jesús se compadece de nuestras debilidades y nos ofrece su misericordia, su gracia y su auxilio oportuno.





+ Los domingos anteriores habíamos visto el amor conyugal y los bienes materiales. Hoy nos encontramos con el poder. En la vida humana estos 3 elementos son bienes fundamentales, por lo que se pueden corromper y deformar por el egoísmo. El poder es la capacidad de influir, de liderar y motivar, de animar y de conducir, de convocar y de cohesionar, respetando la originalidad, diversidad y libertad de cada persona.

+ Es parte de la naturaleza humana querer ejercer poder sobre otros. Lo reconocemos en los niños desde muy pequeños, lo experimentamos durante toda la vida. Ejercen poder y autoridad los padres al educar a sus hijos. Lo ejercen aquellos que por su profesión o su rol social lideran y toman decisiones que afectan a otros. Hay poderes institucionales y poderes fácticos, visibles/evidentes, discretos/escondidos. A veces se transforma en seducción y otras en manipulación. Utiliza la información y determina la comunicación. Puede ejercerse con verdad y honestidad, o valerse de la mentira (o de verdades a medias), de la amenaza o del chantaje. El poder puede despertar altruistas motivaciones, pero también la ambición y adulterar los valores. Quizás lo más grave del poder desordenado es que deshumaniza, reduciendo a los demás a simples medios para alcanzar fines propios o colectivos.

+ Retengamos la propuesta de Jesús de utilizar el poder y la autoridad pensando en el bien de los demás, tratando de que esté siempre acompañado de la humildad y la caridad. Jesús entrega su propia vida y nos “empodera” desde el servicio y el amor.