Domingo I Tiempo de Adviento - 28 de noviembre DE 2021



"Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida"



+ El Adviento es un tiempo de preparación y espera. Durante estos días, la propuesta litúrgica es tener la mirada puesta en el futuro, pero con una constante y dinámica consideración del pasado y del presente. El “ayer” que miramos está compuesto por la venida de Jesús hace 2000 años, que celebramos en la Navidad y por la acción salvadora de su pasión, muerte y resurrección. Como esa presencia redentora es también actual, vivimos un desafiante “hoy”, al participar vivamente en esta Eucaristía, al escuchar la Palabra de Dios, que hoy en la 2ª lectura nos anima a “crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia los demás”, y que Jesús en el Evangelio nos propone: “tengan ánimo”, y “cuidado de no dejarse aturdir por excesos”, a estar prevenidos y orar incesantemente”.

+ Las lecturas bíblicas de hoy no miran tanto hacia el nacimiento de Jesús en Belén, sino más hacia el futuro, hacia la última venida de Jesús. A esta la llamamos escatológica, o la parusía, y será la plenitud del Reino que Jesús nos anunció y nos anuncia hoy.





+ En una época en que muchos políticos nos ofrecen proyectos de sociedad, Jesús nos invita a mirar más allá. Si bien somos protagonistas de la cultura y la sociedad que hoy se construye, sabemos que aspiramos a algo más que desarrollo y calidad de vida humana. San Pablo dice que “somos ciudadanos del cielo”, por lo que, junto con desarrollar nuestra vida en lo concreto del trabajo, el estudio, la vida familiar, social y todo lo que hacemos diariamente, estamos llamados a ser constructores del Reino de Dios, de los valores del Evangelio. La vocación cristiana es un programa, un proyecto.

+ La actitud predominante del Adviento tendría que ser la esperanza, que se funda en la certeza del amor de Dios y su permanente cercanía con cada uno de nosotros, la certeza de que el bien es más fuerte que el mal, que Jesús resucitado nos garantiza poder ir más allá de la muerte.

+ Y tal como el estudiante está mirando el fin del curso, los exámenes y lo que viene después, tal como el viajero puede disfrutar el paisaje sin perder de vista el destino final, nosotros vivimos intensamente la vida cotidiana, llenos de entusiasmo y compromiso con las causas que nos motivan, pero con la mirada también puesta en el horizonte más lejano: el Reino de Dios, al que llamamos Cielo, pero que es en definitiva la plenitud de la felicidad y del amor, de la paz y de la amistad.